martes, 1 de septiembre de 2015

Siempre me detuve a analizarme, nunca me gustó la sensación. No recuerdo mucho de nada, menos de antes. Antes, cuando no me odiaba, porque era, o me creía, igual a todos. O al menos, no me creía una persona merecedora de odio. Ahora me odio hasta en la infancia, cuando recién empezaba este desastre.
No culpo a los que me inculcaron la verguenza como sentir primordial, me culpo a mi.
Porque llegué a un punto en el que puedo afirmar que todo lo que viví hasta ahora fue un cúmulo de motivos para odiarme. Y quisiera dejar de relatar odio, verguenza y culpa, pero no dejo de sentirlo. Ojala pudiera enterrarme en mis propios insultos, en la verguenza que siento por el simple hecho de seguir acá, por ser lo que soy, por no ser alguien mas, por haber nacido del odio mismo.

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